El inverno de Lima golpea con fuerza, y miles de familias lo enfrentan sin frazadas ni protección suficiente. En las zonas altas, las temperaturas pueden descender hasta los 9 °C y muchas viviendas no cuentan con aislamiento térmico, lo que vuelve cada noche más dura. Para ellas, una frazada no es solo un objeto: es protección, descanso y dignidad.
Desde A Caminar vimos la oportunidad de crear un espacio donde el bienestar personal también pudiera convertirse en apoyo para quienes más lo necesitan. Así nació Yoga con Propósito: una clase solidaria pensada para unir movimiento, presencia y ayuda concreta.






“El Yoga también puede abrigar”.
— Gracia Cam, activista y profesora de yoga social.
La sesión fue impulsada y organizada por Gracia Cam, creadora de La Gratitud del Yoga (IG: @la.gratitud.del.yoga), quien trabaja el yoga social como un camino para llevar la práctica más allá de la colchoneta y transformarla en acciones que acompañan a la comunidad.
Para participar, solo era necesario traer una frazada o prenda de invierno en buen estado. Cada persona llegó con su donación y se unió a una práctica pensada para mover el cuerpo, conectar y ayudar al mismo tiempo. Esta clase nos permitió transformar una mañana de bienestar en apoyo real para quienes más lo necesitan. Las prendas recolectadas encontrarán un nuevo hogar en comunidades de Lima donde el abrigo es escaso y las familias enfrentan noches frías sin suficiente protección.

Donar desde el bienestar: una forma simple de ayudar
Participar en actividades que combinan bienestar y solidaridad es una manera accesible y significativa de contribuir. Donar prendas en buen estado permite que objetos que ya no usamos encuentren un nuevo propósito en manos de quienes sí lo necesitan.
Desde A Caminar buscamos promover esta forma simple y consciente de ayudar: espacios donde las personas puedan sumar desde lo que ya tienen y desde lo que disfrutan hacer. Actividades como una clase de yoga se convierten en un puente natural para acercar a más personas a la solidaridad cotidiana.
Por eso desde A Caminar impulsamos este tipo de experiencias que no solo abrigan el cuerpo, sino también el corazón.






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